10.12.2019 |

La FCOM presentó el nuevo Postgrado en Comunicación Política

El evento de lanzamiento fue una conferencia centrada en el análisis político regional, de la mano de expertos de la Facultad de Comunicación de la UM

La Facultad de Comunicación de la UM (FCOM) lanzó el nuevo Postgrado en Comunicación Política el 5 de diciembre con una exposición a cargo de la Dra. Belén Amadeo. La conferencia se tituló “América Latina en una encrucijada. Análisis político: riesgos y desafíos” y fue moderada por el profesor de Periodismo y asesor político Daniel Supervielle. 

A modo de introducción, Patricia Schroeder, directora del Máster en Dirección de Comunicación de la UM (MDC) y ahora también del Postgrado en Comunicación Política, contó en qué consiste la nueva propuesta que tiene como antecedente el Diploma en Comunicación Política que diseñó junto a Amadeo y la fundación Konrad Adenauer en 2017. Schroeder explicó que el postgrado cuenta con doce asignaturas que se pueden cursar en un año, en un período que va de abril a noviembre: “Como diseñamos una currícula compartida con el MDC, cinco de esas materias son optativas para los alumnos del Máster, quienes tienen la posibilidad de obtener una doble titulación al cursarlas. Estas materias son: Marketing electoral, Política comparada, Comunicación de gobierno, Big data y Dilemas de aparición”.

Luego, tomó la palabra el profesor Supervielle, quien en su rol de moderador invitó a Amadeo a realizar un análisis político de América Latina y le realizó las siguientes preguntas:

¿Cómo quedó el tablero luego de las elecciones nacionales en Uruguay? ¿Qué está pasando? ¿Es la misma explicación para cada país?

El tablero no para de moverse y no tiene nada que ver un país con otro. Hay factores de diferencia. En Ecuador, del 2 al 13 de octubre, se armó un lío enorme porque hubo un decreto de aumento de combustible. Hubo un estallido social que involucró, además, cuestiones de demandas étnicas y problemas de género. Es decir, una cantidad de asuntos que no tenían nada que ver con el aumento de combustible, pero que empezaron por un tema de saturación social, por la imposibilidad de alcanzar igualdad económica, de oportunidades.

En Chile, el aumento de un 4% del valor del subte desencadenó escenas de violencia permanente y la petición de un cambio de constitución. A eso se sumaron un montón de temas de agenda que tampoco tenían nada que ver. Más o menos, en ese sentido, Ecuador y Chile, son similares, porque hubo un factor económico menor que desencadenó un montón de cosas. Después aparece Bolivia, donde se van a dormir con un resultado electoral y se despiertan con otro. Viene la OEA y dice “acá hay una sospecha de fraude”, se quema todo y de vuelta surgen los temas étnicos y de género. Otra vez, los temas de agenda que se prenden a estos detonantes no tienen nada que ver con el detonante original.

Colombia rechaza una reforma previsional. Está bien, está dentro de la regla de juego no estar de acuerdo, pero se arman tremendas manifestaciones a las que los colombianos no están acostumbrados. Sin embargo, Argentina sí está acostumbrada a tomar las calles, lo hacen día por medio, es un hábito. Para los argentinos es como una válvula de escape, por eso no pasó lo mismo que en Chile, donde por treinta años estuvieron todos muy compuestos, pero resultó haber un mar de fondo muy difícil de manejar.

En conclusión, los detonantes son distintos, pero hay algunos puntos en común: hay crisis de representación en todos estos países. Los gobernantes y gobernados están distantes. Hay una obturación en los canales de diálogo, porque no se pueden sentar a hablar. Se ha generado un nivel de rencor y de intolerancia que hace que todos vayan a la calle. Lo curioso es que personas con banderas distintas van a la calle por las mismas cuestiones. La típica grieta que enfrentan distintos modelos de gobierno o país, de golpe se ve atravesada por otra grieta que tiene que ver con cuestiones de ética y cuestiones de género.

Si vemos el esquema desde el punto de vista izquierda o derecha, nos estamos perdiendo todo lo que está pasando. Los eternos valores que están en colisión en occidente son la igualdad, la libertad y la fraternidad.

Todo el sistema liberal valora más la libertad que la igualdad, todo el sistema social demócrata valora más la igualdad que la libertad. Pero no necesariamente tienen que chocar. Sí es cierto que Uruguay es uno de los pocos países -el Sordo González lo definía muy bien- liberal en lo político y social demócrata en lo económico. El estatismo pesa, pero hay libertad de expresión, garantías electorales y una cantidad de derechos liberales muy bien asentados. Eso es un buen equilibrio para un continente que viene de ser colonizado por España y Portugal, con los valores católicos, con una cosmovisión distinta a la liberal inglesa instaurada en los Estados Unidos. Nosotros, culturalmente, le damos más peso a la igualdad que a la libertad, por eso, a veces, hay choques tan grandes. El problema es que no han logrado el equilibrio. Cuando pasa mucho tiempo en donde uno de estos valores pesa más que el otro, entran en colisión.

En Uruguay la violencia también está; no sería tan “romántica” con el video que se hizo viral de gente del Frente y del Partido Nacional cantando juntos el himno, porque también hubo una quema de treinta autos, terminaron un montón de personas en la cárcel, y también se apedreó un móvil de prefectura que estaba llevando urnas. De todas formas, el sistema de partidos está más fuerte que en la región. En otros países, los partidos políticos ya no terminan de satisfacer esta demanda de representación.

Entonces, ¿a quién hay que atender? Te diría que te fijes qué opinan las iglesias. Es un país laico, pero las iglesias tienen una pregnancia a nivel social enorme. Hay que hablar con las asociaciones civiles que están trabajando en el territorio. Hay que hablar con las organizaciones sociales. Lo que tiene a favor Uruguay es que tiene partidos políticos que son instituciones fuertes, pero lo que no hicieron los demás fue abrirse a otras organizaciones sociales teniendo enormes crisis partidarias. Si tenés crisis partidaria, tenés que recurrir a otros órganos de representación. Porque si no, la democracia que era representativa, que cada vez más se vuelve una democracia deliberativa, va a pasar a ser, tal vez, mucho más participativa.

¿Cómo participa el ciudadano ahora? ¿Cómo vota? A través de las redes, que generan una sensación de contagio. Si lo que quiero es visibilidad, lo que me conviene es estar en las redes, entonces voy y te quemo autos. Es una visibilidad sin organización previa. Un grupo de gente harta que se envalentona y hace cosas que pueden rayar con la violencia. Entonces tengo que ver, como líder político, de qué manera puedo articular mis intereses con los de otros representantes públicos.

Uruguay siempre va detrás de todo, esto no creo que sea negativo. En otros países hay un gran movimiento institucional mucho más ágil, pero que también te estresa mucho más. La lentitud uruguaya no necesariamente significa atraso; por el contrario, lleva a la reflexión. Y está bueno porque la elaboración de las leyes y acuerdos lleva tiempo. Pero en otros países como Chile la gente pide urgencia. Es increíble que, por la suba del subte, te pidan un cambio de la Constitución. La gente quiere cambios ya. En este sentido, Uruguay tiene a favor que los plazos institucionales son más lentos. De todas formas, estaría muy atenta a los pequeños episodios de violencia que aparecen por ahí y no tienen nada que ver con lo político, y que son puramente sociales.

En un discurso, Bolsonaro dice que el Amazonas no está en llamas, pero sí estaba en llamas. En otro video Cristina Fernández dice “acá nadie robó”, pero todos vimos los robos. Evo Morales niega el fraude, y todos sabemos que pasó. Entonces ¿qué pasa con el relato político y la realidad, que incluso no influye en las votaciones de la gente?

Los líderes están muy acostumbrados a que les digan que son maravillosos y las redes sociales tienen una cosa maravillosa llamada algoritmo, que hace que uno se quede en su propia burbuja. Efectivamente los sigue un montón de gente y hay otro montón de gente que no; pero lo que no hacen es tender puentes. Yo creo que hay una necedad en ese tipo de liderazgo. Si bien Bolsonaro es lo más fresco que hay, todavía siguen usando esquemas de comunicación que son viejos. Que consisten en hablarle a la tropa, comunicación vertical descendente, le hablan exclusivamente a los prodestinatarios, es decir a la gente que es amiga.

La nueva generación de líderes tiene que empezar a construir puentes, pero en estos personajes es imposible manejarlo de otro modo. En el caso de Argentina, no ganó Fernández: perdió Macri. Porque no escucharon una cantidad de demandas sociales que se estaban dando, relacionadas con el acceso a las mismas oportunidades.

También me gustaría que reflexiones sobre el papel de la Comunicación en el gobierno de Macri.

Un buen gobierno es un buen gobierno, un mal gobierno es un mal gobierno. Y la Comunicación hace lo que puede. No es posible gobernar sin comunicar, eso está claro. Pero comunicar la nada, también es molesto. Macri tuvo una muy buena comunicación digital, pero manejó muy mal la comunicación territorial. Directamente se olvidó. No supo aprovechar su oportunidad. No fue bueno en el manejo de la Comunicación, aplicando esquemas políticos que no fueron claros desde el principio. Efectivamente creo que la Comunicación es necesaria y un gran apoyo, pero si tenés una mala política, tenés una mala política. Macri no supo escuchar a la gente. De nuevo digo, el factor clave, hoy, es la escucha. Y al faltar representación, tenés que ir a hablar con otros. Pero se cerraron, ni siquiera escucharon a los partidos de su propia coalición de gobierno, que terminó siendo más una coalición electoral.

Pensando en los discursos de Trump o Bolsonaro, ¿qué reflexión te merecen los temas que están en la agenda con los que después vota la gente?

Se incentiva el nacionalismo, se incentiva el trabajo propio, porque otro de los temas de agenda son las migraciones. Si permitís que todos los inmigrantes voten al mismo nivel que los uruguayos acá o un estadounidense en Estados Unidos, te estás perdiendo el voto, y cuando estás haciendo una campaña tenés que lograr que te vote el votante, no el extranjero. El votante es el que quiere garantizar su fuente de trabajo y el que quiere reafirmar que su país es el mejor lugar del mundo. Es una idea infantil, pero es una cuestión de identidad. La gente que votó, por ejemplo, a Trump, es la que valoró que le dieran prioridad. Trump supo decir esto en los estados en los que necesitaba ganar los votos, hizo muy astutamente su campaña. Además, dice lo que se le da la gana, y esto está asociado a otro valor que viene agarrado de la generación Z, son los votantes que tienen a la autenticidad como un gran valor. Si decís una cosa, la tenés que cumplir. Lo que la gente necesita hoy es autenticidad y Trump te da autenticidad. Obviamente dejan aparte otras burbujas de pensamiento.