11.04.2018 |

"Conocí otra cultura y entendí y valoré más la mía”

Florencia Bigatti (FIUM), Cecilia Tejera (FCEE) y Paulina Fabre (FCOM) relataron la experiencia de sus intercambios en Ottawa, Jyväskylä y Barcelona respectivamente

En la foto de la izquierda, Paulina Fabre (en el centro) junto a dos compañeras de FCOM delante de la Casa Batlló en Barcelona; en las dos imágenes superiores de la derecha, Florencia Bigatti; debajo a la derecha, Cecilia Tejera en Finlandia. 

Cuando pensó por primera vez en el destino de su intercambio, Florencia Bigatti se imaginó España. Sin embargo, un día abrió el mail y descubrió uno de la UM que ofrecía la posibilidad de postularse a una beca que otorga el gobierno canadiense a estudiantes de América Latina: Emerging Leader in America Programme (ELAP). La estudiante de Facultad de Ingeniería (FIUM) aplicó, junto a otro compañero, y los dos fueron aceptados. La beca implicaba ir a estudiar a una universidad que tuviera convenio con la del postulante. Así, eligieron la Universidad de Ottawa y tomaron el avión a la ciudad franco inglesa.

Recuerda que la facultad era muy exigente y estudiaban principalmente a través de proyectos en grupo. Uno que le “encantó” fue sobre presupuestos de obra, en el que pasaron “horas y horas” trabajando con estructuras, encofrados, planificación y mucho más. En otra ocasión, fueron a laboratorios con impresoras 3D y diseñaron prototipos reales para clientes. “Estos proyectos eran fabulosos, te dejan un aprendizaje que no se consigue leyendo un libro. Quiero hablar en facultad para sugerir implementar cosas que me parecieron muy buenas”, aseguró.

Entre sus profesores había un búlgaro, un iraquí, un libanés y un inglés. También compartieron clases con muchos estudiantes extranjeros, entre ellos varios árabes y africanos. En su grupo de amigos durante el intercambio, había representantes de Francia, Suecia, España, Holanda y Taiwán. “Conocer a personas de todos lados te cambia la forma de pensar algunas cosas, te ayuda a conocer otras realidades”, dijo.

Para ella, el intercambio fue además la primera oportunidad de resolver todas las tareas de la casa: cocinar, ir al supermercado, limpiar. Relató que, como no tenían lavarropas, se trasladaban con la ropa sucia y el detergente hasta la casa de unos amigos: “Todo me divertía en el intercambio”. “Vivir por tu cuenta es un aprendizaje muy grande, te ayuda a independizarte y a crecer”, afirmó. Contó también que, durante una semana de receso, recibió la visita de sus hermanos.

Conocer lo distinto y profundizar en lo propio

Elegir un destino y recibir una beca que lo cambiara fue también el caso de Cecilia Tejera. Su primera opción fue Australia y la oportunidad que surgió fue Erasmus+. De esa forma, la alumna de Economía y Dirección y Administración de Empresas viajó a Finlandia, a la Universidad de Jyväskylä, en la ciudad que lleva el mismo nombre.

En un ambiente muy internacional en el que se trasladaba con una captura de pantalla para mostrar la ubicación de Uruguay, contó que no sólo conoció las tradiciones y formas de vivir de otros países, sino que, gracias al contraste, profundizo más en lo propio del suyo: “Me abrió la cabeza. No sólo aprendí de otras culturas, sino que valoré y entendí mucho más la mía”.

Aseguró que vino con “muchas ideas sobre educación” y con “ganas de implementar cosas nuevas”. Con temperaturas de hasta 22 grados bajo cero, conoció otras ciudades de Finlandia y también Rusia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Estonia. Sobre el final de su estadía, su familia fue a visitarla. Expresó que el susto del viaje de ida en el que llegó a pensar “¿en qué me metí?” desapareció al verse acompañada de muchas personas que estuvieron a su lado, por eso no dudó en afirmar: “El riesgo vale 100% la pena”.

Espectadoras de la historia

Facultad de Comunicación, Universidad Internacional de Cataluña. Esas fueron las coordenadas de Paulina Fabre, alumna de FCOM, quien viajó acompañada de dos compañeras de clase: Matilde Barquín y Belén Lescarbourá. A pesar de la distancia, contó que la universidad les resultó “muy familiar” porque era “muy estilo UM”.

Sobre lo académico, la estudiante de Comunicación relató que le impresionó el nivel de los docentes. Cuando llegó, estaba mirando “Merlí” y descubrió frente suyo en una clase a una profesora que es guionista de esa serie española. Describió a muchas de las asignaturas que cursaron como “creativas” y encontró la forma de conjugar los dos mundos que le apasionan: la publicidad y la comunicación audiovisual.

Un elemento importante de este intercambio fueron las fechas. Sin saberlo, eligieron uno de los semestres de mayor cantidad de titulares mundiales referidos a Cataluña. Paulina contó que les sorprendió el conocimiento político de las personas jóvenes y su compromiso con la situación. Algunas de las conversaciones con sus compañeros de clase se convirtieron en clases de historia: “Así como los catalanes están muy informados, tiene que haber un español que sepa contestarle”.

Recordó que durante las semanas más tensas, luego de terminar las clases, un grupo de estudiantes que apoya la separación de Cataluña y otro que la rechaza se colocaban en el patio, de forma de impedir el acceso a la puerta de salida, y cantaban canciones en apoyo a sus posturas. Después de gritar por unos segundos “soy catalán” o “soy español”, unos y otros se saludaban con respeto y se iban de la universidad.

La vida artística no fue menor. Contó que las tres son “muy inquietas” y aprovechaban cada día al máximo. Redactaron una lista de todos los lugares que querían conocer y comenzaron a caminar. Para esto, ayudaron los tips de un estudiante local que les explicó “varios secretos” para descubrir cada rincón cultural de Barcelona. Otras veces, las visitas eran organizadas por la universidad y eso incluía la posibilidad de acceder a exposiciones y museos con guías especializados.

Universidad, historia y arte fueron esenciales, pero, además, en este tipo de experiencias suelen quedar otras huellas. Paulina aseguró que el intercambio fue “un aprendizaje en un montón de sentidos”. Contó que la convivencia le enseñó a compartir y las ayudó a “crecer un montón”. Y otra de las riquezas del viaje fue en relación a quienes conocieron: “Nos fuimos dando cuenta de que las personas con las que terminamos más amigas son con las que quizá no nos sentamos a charlar en Uruguay en el día a día y, en Barcelona, fueron con los que más disfrutamos. Nos quedó el aprendizaje de no prejuzgar nunca más: todo el mundo tiene algo para contar y decir”.