01.03.2018 |

“La forma en que uno puede dar más, es a través de su profesión”

Ximena Hernández formó parte de la generación 2004 de FCOM. Hoy trabaja en su propio emprendimiento en la industria tecnológica con clientes de varios países de América Latina

Aunque siempre se había imaginado abogada o escribana, cuando cursaba 6º Derecho en el liceo, Ximena Hernández se dio cuenta de que eso no era lo suyo. “Sentí que todos esos años había querido hacer algo que iba en contra de lo que era”.

Con espíritu inquieto y abierta a los desafíos, el verano en que terminó la secundaria se dedicó a la investigación de la carrera a la que dedicaría los siguientes años de su vida. Sabía lo que le gustaba —leer, escribir, socializar, hacer cosas creativas— y descubrió una carrera relativamente nueva y cargada de un poco de misterio: Comunicación. No tenía claro a qué podría dedicarse después, pero vio que satisfacía su perfil y decidió embarcarse en la aventura.

El primer paso fue comenzar a golpear puertas en las diferentes universidades. De la UM le gustaron tres cosas: las asignaturas que ofrecía la licenciatura, un claustro integrado por profesores extranjeros y los valores de la universidad. Así, postuló a una beca, la ganó y comenzó las clases en la Facultad de Comunicación (FCOM).

Pensó que le gustaría el Periodismo y, una vez más y gracias a las pasantías laborales de la carrera, descubrió que no. Ingresó a la organización AIESEC, que promueve el liderazgo de jóvenes, y descubrió la posibilidad de viajar a otro país para una experiencia laboral. Una empresa chilena de la industria tecnológica la contrató para una pasantía en el área de marketing y cruzó la cordillera.

“Nunca había trabajado para la industria tecnológica, era un tema demasiado nuevo para mí, tenía que promocionar, escribir, generar contenido, mantener la web y convocar a eventos de algo que no tenía ni idea. Los inicios fueron duros. Además, tenía que adaptarme a otro país y a una cultura muy distinta”, recuerda.

Aunque el comienzo no fue fácil, la industria tecnológica la conquistó y hoy sigue en ella. Junto a una ex colega, se lanzó al emprendedurismo y cofundó la compañía en la que hoy trabaja. Diez años después de convertirse en alumni, contó —desde un tren en Filipinas— el recorrido de su trayecto académico y laboral.

Actualmente trabajás en MTI Selling, empresa de la que sos cofundadora, ¿por qué decidiste emprender y cómo fue la experiencia? En ese camino siempre surgen incógnitas y desafíos, ¿qué te motivo a superarlos y seguir adelante?

Después de la primera empresa en la que trabajé en Chile, me cambié a otra y, en el momento en que redujeron personal, me despidieron. Luego, comencé como profesional independiente. Conseguí a un cliente uruguayo, que quería abrir un mercado en Chile, y comencé a trabajar con él. En ese momento, Andrea Torres, que había trabajado conmigo en la segunda empresa, me dijo que si lograba vender un proyecto, fundaba una empresa conmigo, y así fue. Aprendí muchísimo de ella.

En ese camino la verdad que cada paso fue como avanzar con una cinta en los ojos. Era un camino muy nuevo. Ni mis padres, ni mis amigos, ni nadie conocido había tomado ese rumbo, pero sentía que debía hacerlo. Había que desafiarle el miedo, porque siempre te da miedo hacer cosas nuevas. Y siempre fui muy optimista, sabía que iba a dar lo mejor de mí. Fue desafiante, difícil, pero fue muy gratificante y me dio mucha libertad.

De este trabajo, valoro mucho la oportunidad de conocer a muchísimos gerentes comerciales, gerentes de marketing, gerentes generales de Latinoamérica y gente mayor que yo y con más experiencia, con los que he aprendido muchísimo. A la hora de emprender, eso y la posibilidad de trabajar desde cualquier lugar del mundo fueron muy motivantes.

¿Qué recuerdos tenés de tu paso por la universidad y, después de tu trayectoria profesional, qué es lo que más valorás de lo que recibiste en la FCOM?

Valoro el énfasis en asignaturas como Comunicación Escrita, en las que escribí y leí libros de un montón de países que, de otra forma, hubiera sido difícil leer. Como dice el filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. A través del profesionalismo y el descubrimiento de contenidos, en la universidad se me abrió un mundo.

Me dio herramientas excelentes para el trabajo, que utilizo hoy cada día. Siento que la carrera de Comunicación es una carrera bastante comodín, que te abre muchas puertas para hacer muchas cosas, y en mi caso, en el que no estaba decidida sobre lo que quería hacer y en el que cambié de rumbos varias veces, fue perfecta porque me dio muchas herramientas para hacer cosas que hice después y que en ese momento no tenía ni idea que iba a hacer. Tengo lindos recuerdos de mis compañeros y profesores. Aprendí muchísimo y conservo a varios amigos de mi clase.

En tu perfil de Linkedin contás que desde 2010 a la fecha has trabajado en empresas de cinco países de América Latina y afirmás: “La multicultulturalidad, los viajes y el liderazgo son mi pasión”. ¿Qué ha aportado la visión internacional a tu carrera profesional?

Con la empresa en la que trabajo he viajado por varios países de América Latina en la medida en que he conseguido más clientes de diferentes lugares. Esto me ha dado una visión muy internacional. Me ha hecho pensar y madurar. Conocer distintos países te da facilidad para descubrir puntos de vista diferentes, para tener mayor sensibilidad y consideración y para tener mayor apertura hacia otros. Tengo amigos de todos lados. Además, el mundo del conocimiento se te amplia también. Y eso se nota cuando competís con otros a nivel profesional, no es algo que se ponga en el curriculum, pero se nota y se valora en el mercado.

Participaste como comunicadora en trabajo voluntario en Techo, Junior Chamber International (JCI), AIESEC y Socialab. ¿Cómo influyó esa experiencia en la visión de tu profesión como un servicio a otros y un aporte a la sociedad?

Siempre sentí que debía contribuir a la sociedad. Creo que los universitarios somos afortunados. Supe que hiciera lo que hiciera, contribuiría de alguna forma. Empecé en el área de comunicación de Techo, más adelante estuve en un proyecto social de ayuda a una comunidad de Chile después de un terremoto y ahora doy clases sobre marketing, comunicación y marca personal en la ONG Centro Cultural Poveda, que ayuda a mujeres a capacitarse.  

Creo que la forma en que uno puede dar más, es a través de su profesión, porque es a lo que más le dedicás tiempo, de lo que más sabes y, gracias a eso, las horas de voluntariado pueden ser de mucha mayor calidad y tener un mayor impacto. Entonces creo que valió la pena el haber estudiado, no sólo para mí, sino también para otros. Sobre todo pienso para los que están en una posición más desfavorecida. Pienso que tu existencia y haber hecho todo lo que has hecho, sobre todo una carrera universitaria, vale la pena en la medida en que otros salen beneficiados.

¿Cuáles son tus próximos proyectos profesionales?

Uno es dar clases. Soy hija de docentes y me considero que soy profesora de alma. Me divierto mucho dando clases. He dado clases en universidades en Colombia y ahora estoy preparando un par de diplomados en los que seré docente, en Chile. Hace años que doy clases a equipos de venta de distintos países y me encanta. En algún momento, me encantaría vivir en Japón durante un tiempo y traer enseñanzas de Latinoamérica, sobre todo a los niños.

Otro proyecto que tengo es desarrollar algo que vincule a mujeres profesionales con la tecnología. Quiero darles la posibilidad de que tengan movilidad de trabajo, en la medida en que sea remoto y más flexible, pero a la vez manteniendo contacto con la elite profesional. La idea es que aunque no tengan oficina y no vivan en la capital, igual puedan tener un desarrollo profesional. Ya estamos aplicando esto en varios países de Latinoamérica y trabajando con marcas como Microsoft, Google, IBM y Linkedin.